06/01/2020

Cuando se visita por primera vez un lugar, la mejor manera de explorarlo es a través de su comida. En este barrio de la Capital Federal se combinan locales tradicionales con lo contemporáneo.

La propuesta inicial fue conocer una Buenos Aires inédita. Con esa idea, luego de recorrer Villa Crespo, esta semana volvemos a las Calles de Buenos Aires para pasar por la Chacarita, un barrio en el que se combinan los locales familiares con los locales hipsters.

El nombre del lugar nace del diminutivo de “chacra” que en quechua significa “granja” o “quinta” y resulta difícil separar Chacarita de la presencia del cementerio.

Pero tranquilos. Habrá tiempo y espacio para dedicarle al cementerio. Estas líneas acercarán hacia un tour gastronómico.

Dicen los que saben, que cuando se visita por primera vez un lugar, una de las mejores formas de explorarla es a través de su comida. Lo mismo ocurre en el barrio de Chacarita, donde las propuestas gastronómicas son muy diversas. Dicho esto, con hambre y cómodo calzado, comencemos el recorrido.

Los clásicos del barrio

En Avenida Corrientes al 6735 comienza nuestra aventura. Allí se encuentra Albamonte, un restaurante que funciona desde 1958 y se especializa en cocina italiana, pizzas y comidas porteñas. Se dice que este lugar es el restó italiano del barrio por excelencia.

A tan solo metros de Albamonte está El Imperio de la Pizza. En este histórico local que fue fundado en 1947, se come la pizza como un porteño: al corte, al paso y “de dorapa” (parado frente a la barra o el mostrador). El Imperio fue declarado de interés cultural y patrimonio de la Ciudad de Buenos Aires.

Sin dudas, otro clásico del barrio es la Churrería Olleros. Se trata de una de las churrerías más antiguas de la capital. En este lugar la producción nunca para y en los días patrios los clientes hacen una interminable fila para conseguir los churros que hasta Diego Maradona disfrutó.

Lo contemporáneo

Como dijimos en el inicio, en Chacarita existen propuestas muy diversas y lo clásico convive con las nuevas iniciativas.

Alegra, es un local que sirve vinos de bodegas jóvenes y apuesta a promocionar métodos no tradicionales de hacer esta bebida. En su local, además, ofrece un espacio gastronómico.

El paseo continúa en La Fuerza. En este bar, el vermú artesanal es la tentación que acompaña el encuentro entre amigos. Acá el aperitivo a base de vino se fortifica y se enriquece con hierbas, botánicos, flores y diversos elementos. El bar funciona todos los días acercando el vermú y su ritual a las nuevas generaciones.

Para culminar el recorrido lo ideal es hacerlo con un café. Marte es un espacio bohemio, cultural y diverso pensando desde la inclusión, el feminismo y el producto de alta calidad. No es un café cualquiera. Allí se ofrece un producto de cualidades extraordinarias.

Apartarse de la visita tradicional a Buenos Aires y descubrir “nuevos mundos”, es posible. Es posible gracias a los barrios de Villa Crespo y Chacarita, ambos con un gran sentido de pertenencia y cada uno con su impronta.


El Cementerio, un ícono del barrio


Buenos Aires sufrió entre 1867 y 1868 una fuerte epidemia después de la guerra del Paraguay. El cementerio de la Recoleta fue insuficiente. Surgió la necesidad de crear en los alrededores de la ciudad algún lugar para poder inhumar a las víctimas.

Muchos turistas visitan el cementerio de la Recoleta, que alberga a próceres y familias aristocráticas, pero pocos saben que en el cementerio de Chacarita se encuentran también figuras muy conocidas.

En sus mausoleos, panteones, nichos y tumbas descansan, entre otros, Carlos Gardel, Gustavo Cerati y Alfonsina Storni.

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